Hay historias que parecen sacadas de una película y que, sin embargo, son completamente reales. La de Eduardo Strauch es una de ellas: a los 25 años quedó atrapado durante 72 días en la cordillera de los Andes tras un accidente aéreo, obligado a tomar decisiones que ningún manual de vida enseña a tomar.
Más de 50 años después, Eduardo sigue contando esa historia, no como un recuerdo congelado en el tiempo, sino como una fuente constante de aprendizaje sobre los límites de la mente humana. En esta conversación habla del accidente, de la avalancha que estuvo a punto de matarlo, de la experiencia cercana a la muerte que vivió y de cómo esos 72 días redefinieron para siempre su forma de entender la felicidad, la amistad y el tiempo.
Lo que hace distinta esta historia no es solo la supervivencia física, sino el proceso psicológico que la acompañó: cómo un grupo de jóvenes logró procesar un trauma brutal sin ayuda externa, apoyándose únicamente unos en otros.
¿Quién es Eduardo Strauch?
Eduardo Strauch es arquitecto uruguayo y uno de los 16 sobrevivientes del accidente aéreo de 1972 conocido mundialmente por el libro y la película “Alive”, y más recientemente por “La sociedad de la nieve”. Junto a sus primos, formó parte del liderazgo natural que organizó al grupo durante los 72 días que pasaron atrapados en la cordillera de los Andes.
Hoy recorre el mundo dando conferencias sobre resiliencia y las capacidades ocultas de la mente humana. Es autor del libro “Desde el silencio”, traducido a varios idiomas, y prepara un segundo libro.
¿Qué pasó en el accidente de los Andes?
El 13 de octubre de 1972, el avión en el que viajaba un equipo de rugby uruguayo se estrelló en plena cordillera de los Andes. El impacto y la posterior avalancha dejaron solo 16 sobrevivientes de las 45 personas que viajaban originalmente.
Eduardo recuerda con precisión los minutos previos al impacto: el sonido de los motores cambiando de tono, los pozos de aire, el crujido del fuselaje partiéndose. Durante los primeros segundos después del golpe, pensó que estaba soñando, hasta que la realidad del frío, el olor a combustible y los cuerpos a su alrededor confirmaron que no era así.
El problema central: sobrevivir sin ningún recurso
El grupo quedó sin comida, sin agua potable y sin forma de pedir ayuda. A los pocos días, el hambre se volvió una amenaza tan real como el frío. Intentaron comer cuero de zapatos y cinturones sin éxito, hasta que llegaron a la única alternativa posible: alimentarse de los cuerpos de los compañeros que ya habían muerto en el impacto.
Esta decisión no fue individual, sino colectiva. El argumento que terminó de convencer a todos fue el ofrecimiento mutuo: cada uno aceptó que su propio cuerpo pudiera servir de alimento a los demás si llegaba a morir. Fue, según Eduardo, el gesto que selló la confianza del grupo.
Cómo lograron sobrevivir 72 días
- Organización inmediata: desde el primer día surgió un liderazgo natural, encabezado por Marcelo Pérez, que ordenó el caos inicial.
- Trabajo en equipo: cada persona asumió tareas concretas, desde fabricar agua hasta cuidar a los heridos.
- Racionamiento extremo: los pocos alimentos disponibles —chocolate, licor, pasta de dientes— se repartieron en porciones mínimas.
- Decisiones críticas evaluadas en grupo: como la de no intentar expediciones prematuras hacia el valle.
- Apoyo emocional constante: hablar, reírse con humor negro y sostenerse mutuamente fue parte esencial del proceso.
- Visualización diaria: Eduardo imaginaba constantemente el momento de llegar a casa como forma de sostener la esperanza.
Prácticas clave para mantener la mente fuerte
Eduardo insiste en que la depresión era el mayor peligro durante esos 72 días. Mantener la mente positiva, con esperanza y un objetivo claro —llegar a casa—, era, según él, una condición de supervivencia.
El rencor también jugó un papel inesperado: la bronca de sentirse abandonados tras suspenderse la búsqueda se transformó en energía para seguir adelante por sus propios medios.
Aplicación real: amistad, identidad y felicidad
Después del accidente, Eduardo notó que su concepto de amistad cambió por completo. Aprendió a identificar quién es un amigo verdadero según sus actitudes, no sus palabras, y se alejó de vínculos superficiales.
También redefinió su relación con el materialismo. Después de años viviendo con casas grandes y acumulando bienes, decidió simplificar su vida y priorizar el tiempo con las personas que quiere. Hoy describe su felicidad no como momentos de euforia, sino como un estado sostenido de paz y plenitud.
Principales aprendizajes
- La mente se adapta a situaciones extremas de forma automática
- La depresión es el enemigo número uno en contextos de supervivencia
- El trabajo en equipo y la honestidad radical fortalecen a cualquier grupo
- El trauma se puede procesar en comunidad, sin depender únicamente de terapia externa
- La identidad social se cae en situaciones límite; queda la esencia real de la persona
- La verdadera amistad se reconoce en las actitudes, no en los discursos
- El materialismo no construye felicidad duradera
- Vivir el presente reduce el estrés ante lo incontrolable